Ingrid Petrillo

«Llegué a terapia con Adriana un tanto descreída y reacia. Venia de casi 10 años de tratamiento con otra terapeuta, y solo pensar en volver a contar toda mi vida a un desconocido me agotaba de antemano, arrancar de cero y salirme de la zona de confort no estaba en mis planes, pero estaba clarísimo que yo sola no podía ayudarme.
Una sola sesión bastó para que se generara «esa» conexión invisible entre nosotras, tan necesaria para avanzar y sacar cosas buenas, generando en tiempo récord una confianza plena, fundamental a la hora de largar todo eso que me oprimía y avergonzaba, imprescindible a la hora de bajar la guardia y dejarme auxiliar.
Me puse en sus manos, por asi decirlo, llegué sin herramientas para manejar lo que me pasaba, desesperada, viendo todo negro, con la incertidumbre y angustia de no entender lo que me estaba pasando y por qué no podía superarlo sola. Para una personalidad estructurada y controladora como la mia, no tener la formula e instrucciones para resolver mis problemas era como catastrófico.
Pasaron las sesiones y con el tiempo ya no hacia ni falta que empezara a hablar, ella tenia esa extraña capacidad de leer mi lenguaje corporal y sabia con certeza hacia donde tenia que guiarme (entre nos, yo la creo un poco bruja). 
De pronto me encontré leyendo libros que jamás hubiera elegido; escribiendo cartas, haciendo ejercicios, tomando decisiones y recorriendo bajo su atenta mirada el camino hacia mi recuperación.
Un año después y tras haber compartido muchas sesiones llenas de arduo trabajo emocional llegó el día en que miré hacia atrás y supe que esa Ingrid aterrorizada y sin brújula estaba lista para enfrentar lo que venga, con la certeza de tener las herramientas para no recaer en situaciones toxicas y dañinas…para reconocer todo eso que había aprendido de mi misma en el proceso.
Hoy en día Adriana esta a miles de km y sin embargo la sigo escuchando en mi cabeza con frecuencia. Ante situaciones complejas, difíciles, cuando siento que pierdo el rumbo, es su voz en mi interior la que me dice que es lo mejor, que es lo primordial, en que debo focalizar y en lo que no; en definitiva, me enseñó a reconocer y aprender de cada experiencia, me enseñó a quitarme mochilas pesadas y culpas, a perdonarme, a entenderme y a utilizar todo lo vivido en pos de algo positivo.
Hace ya bastante que no concurro a terapia pero se que si esa necesidad surgiera sólo tengo que mandarle un «help» virtual para tenerla ahí de nuevo, así es de incondicional.
Un año de terapia con ella se sintió como una década de crecimiento personal, y le estaré eternamente agradecida»